Se despide la noche mecida entre canciones de desamor y anhelos escondidos. Deseos flotando en el aire, a los que nadie se atreve a coger por miedo a perder algo que ni tan siquiera se puede nombrar. Se arregló el diario, sorprendiendo a uno y a otro, y no dejaron de asomar las palabras, poniendo freno a cualquier amago de acercar algo más que posturas. Oscureció la sala, haciendo conjeturas entre lo que harían en la última fila y lo que quería que acurriera en medio. Historias de amor, unidas por un sexo tan recurrente, que hasta lloramos de placer. Orgasmos tan dispares como las historias contadas, y un romanticismo, que jamás empalagó. Risas cachondas y ganas de todo, hasta de sexo. Y todo llevado con fluidez hasta la unión de todas las historias. Amor, sexo y risas, o sexo, risas y amor. Da igual como lo veas tú. Sólo se que estas horas aún sigo pensando, que «quien diablo sabe la distancia que debemos mantener…»