Desengachados del tren que tiraba de nosotros ahora andamos solos. No se detiene la vida por nadie, ni siquiera por mi. Nos empuja a impovisar, a trazar nuevas rutas, alejándonos de un pasado que vemos cada vez más pequeño. Destellos en la oscuridad, los últimos coletazos de una historia que lentamente va cerrando capítulos y escribiendo nuevas páginas. Mismos protagonistas en distintos escenarios, representando cada uno su obra, antagónicas en lo básico, idénticas en el fin. Ahora el tiempo se alarga, exprimiéndolo para sacarle el mayor provecho. Ya no hay insomnios con sabor al otro y la cama no necesita a dos, para no sentirse sola. Obligados a seguir, descubrimos que cualquier estado es idóneo, mientras nos sintamos vivos, sintiéndonos felices haciendo lo que hacemos. Hoy por fin entiendo, que la cobardía de no abandonar se ha transformado en valentía por cambiar. Hoy me miro al espejo y no sólo veo el reflejo de la persona que soy, sino también, la fuerza y el potencial que hace que me sienta grande y valiente…