El espectáculo estaba servido. Dos aficiones rivales dispuestas a animar a sus equipos para intentar auparlos a hombros y llevarlos sobre ellos a la conquista de un nuevo triunfo. Unas gradas multicolor plagadas de gente que pagó por ver una final de un Copa con nombre propio. Y presidiendo el campo verde y en el centro de las gradas, el Rey, prestando su nombre al torneo y orgulloso de presenciar una nueva batalla en la que no habrá sangre. Su semblante serio y sereno, sabedor de lo que estaba por venir. Se puede disfrazar de Libertad de expresión, de respeto por convicciones, y de lo que uno quiera pero lo cierto es que fué un acto de lala educación. La libertad de toda esa gente acababa donde empezaba la mía. Mis padres me enseñaron respeto, educación y saber estar. Me mostraron lo que es la Libertad. Jamás iría a una celebraciòn de ninguno de ellos a pitarles, a reirme o a insultarles por no estar de acuerdo con ellos. Dudo que a todas esas personas le enseñaran lo mismo. Se puede tener unos ideales y defenderlos a capa y espada pero sin ofender. Sabían el trofeo que jugaban, sabían quién estaba allí, y sabían perfectamente lo que querían hacer. Actuaron con premeditación. Ofendieron al Rey, al himno y a mí. Llenaron de pitidos y de mala educación un campo de fútbol donde se defiende el juego limpio. Y todo por su derecho a la Libertad de expresión. Esa misma que seguramente no me dejarían expresar si yo fuera a su campo y en el momento de escuchar su himno, lo pitara y me riera de él. Aunque eso es imposible. Mi respeto por los demás me impide pitar el himno de nadie.