Una sombrilla que hasta mañana no dará sombra, hará guardia toda la noche para que la piscina recién llena, no huya de la calor que otra noche más nos acompaña. Una mesa escoltada por cuatro sillas mira al cielo implorando una tregua que no llega y que descargue sobre ella unas gotas de agua que la refresquen y llenen de envidia a esa piscina que ya duerme tranquila. Silencio, envolviéndolo todo, porque ya hace días que ni el viento grita ni la brisa susurra. La calor ahoga cualquier atisbo de sonido enmudeciendo nuestras vidas. Pero esta noche nos revelamos y sentados en esas sillas y apoyados en esa mesa, charlamos, descubriéndonos un poquito más y conociéndo a esa persona que tenemos enfrente y con la que retaremos otra noche más a esta calor inquisidora…