Deseos y pegamento

Prenden las hogueras otro 23 de junio, iluminando la noche más corta del año. Alzan sus llamas el cielo, pidiéndole permiso para devorar los deseos que le lanzan, y tratar así de hacerlos realidad. Ilusiones silenciosas marcadas a fuego. Fiesta y amistad dando voz al silencio, calentando la noche, invocando la magia. ¿Cuántos se cumplirán? Dependerá de la fe que le pongas, de cuánto creas, y sobre todo, de tu valentía al saltar las hogueras.

Y entre tanta devoción, estamos nosotros, reales como el presente que vivimos. Pegamento de tanto, pegamento de tantos. Guardianes de amigos, tesoreros de secretos, cuartadas perfectas para días inolvidables, comprensión sin juicio, y amor incondicional. Cabalgando el mismo concepto de vida, inentendible para unos, inalcanzable para otros, imperdonable para muchos. Silenciosos imprescindibles, uniendo sin alardes para que todo se mantenga en pie, y seguro que no nos necesitan, pero es más bonito con nosotros. Me ves, tal cuál soy, y me respetas, tal cuál soy. Sabes que eres la única que lo hace y sabes que es recíproco. Porque somos tan parecidos que no necesitamos hablar pero si escucharnos. Retroalimentamos nuestros pensamientos, nuestras ideas, con el convencimiento de que hacemos lo correcto, aunque sea incorrecto. Nuestro valor no es solo cuestión de valentía, a pesar de que tengamos que ponerle un precio para que se nos reconozca. Y aunque hayamos conseguido hacer algo normal nuestra virtud, necesitamos que de vez en cuando se nos reconozca. Que nos llamen egoístas si quieren, pero tú y yo sabemos, que para ser feliz y poder hacer feliz, hay que egoistar un poquito. De ahí nuestra luz, de ahí la felicidad.

Llega la noche más mágica, y entre tanto deseo no podía faltar el pegamento.

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