Recuerdo que te escribí un 11 de junio. Tu silencio fue preludio de lo que imaginaba, y la certeza, aunque yo no lo supiera aún, de que ya no estabas desde hacía 3 días.
Ayer limpiaba mi casa, y como siempre, al coger el cuadro que me regalaste por mi cumpleaños, lo besé, mientras el dolor de tu ausencia volvía a pellizcar mi corazón. Hay batallas que no podemos ganar, y mira que lo intentaste. Imposibles, que lo son tanto, que ni siquiera la esperanza tiene opciones. Y aquí nos dejaste. La familia, un hijo, y amigos. Esperábamos la sanación de Ynuguanda en un giro final de película. La Gran Belleza, volvería a reír, a jugar con Su y Lápiz. Patricia podría ver crecer a su hijo, y su hijo conocería a la madre que ya no podrá ser. Pero aquel 8 de Junio, te arrancaron de aquí, porque estoy seguro de que no te rendiste.
La música sigue sonando, la vida sigue girando, y el planeta se ha vuelto loco de un año a esta parte. Ojalá estuvieras aquí a pesar de todo, porque en este año sin ti, el mundo se ha vuelto un poquito más feo.