Amagamos con querer, poniendo el alma en todo lo que hacemos, para satisfacer sólo nuestro ego. Avivamos las almas, buscando el covijo necesario para unos sentimientos a los que no sabemos proteger. Destructores, arrasando todo cuanto tocamos, alejando de nuestro lado todo aquello que nos da vida y que nos hace humanos. Apostamos con lo ajeno, para no tener que valorar lo propio, perdiendo así, el alma y la conciencia. Sigue el mar ahogando vergüenzas y las fronteras cerradas para impedir que la esperanza camine. Seguimos muriendo un poquito cada día, mientras esperamos decisiones que jamás se tomarán. Aullamos como lobos y despedazamos la bondad con dentelladas de egoísmo. Lodazales e inviernos sin comida, y refugiados sin refugio. Nos descomponemos en vida, buscando el perdón de los demás y finjiendo el nuestro. Sólo la tristeza los va a visitar, mientras ellos piensan, que siempre hay un después…