A hombros salieron y por distintos caminos volvieron a encontrarse. La procesión perfumada de pólvora desfiló hasta plaza y fué dejando en el camino un reguero de papel quemado. Manos arrancando a golpes explosiones de júbilo y pies aplastando contra el suelo unos petardos que sólo gritaron una vez. Compartimos su camino sabiendo de la alegría que habría de embargarnos al verse frente a frente,Madre e Hijo. Y una vez que llegaron,se miraron a los ojos y entre un mar de aplausos y estruendo,se acercaron y se alejaron,en un baile interminable,que los llevó desde el Reino de los Cielos del Hijo al Paraiso Terrenal de la Madre. Entre el humo,subieron y bajaron hasta que se tocaron,sellando otro año más,el final de una tradición…