Ahora que todo terminó, no haces más que revivirla, sabiendo como sabes, que no va a regresar. Acabó el sufrimiento, la agonía, y la edad la cogió fuerte de la mano, y se la llevó con ella. Como todo en esta vida, la fortaleza es un don que sucumbe con el tiempo, que erosiona, deteriora y cansa al más valiente y fuerte de los humanos, triste e irremediablemente. La tristeza que te embarga, no deja de lanzarte preguntas, malditos porqués. Te gustaría cambiar lo ocurrido, retroceder en el tiempo y sobre todo, encontrar unas respuestas que se esconden y huyen de ti. Y en el fondo, las tienes todas, pero ninguna calmará tu dolor, porque los vacíos, las ausencias que dejan las personas que queremos, jamás se vuelven a rellenar. Hay que aprender a vivir con ellas, y tratar de superarlas, porque la vida no se detiene, ni por ti, ni por mi, ni por los que se fueron. Vivieron su momento, lo que debían, y dejaron su legado, maravilloso e imborrable, y la mejor forma de honrarlos, es vivir como ellos lo hicieron. Hacer que se sientan orgullosos de lo que crearon, y sobre todo, recordarlos, con alegría, con una sonrisa, sabiendo que su vida aquí dio sus frutos, y que nosotros continuaremos su legado. Se que es duro, sé que lo sabes, porque yo también perdí, pero ahora debes ser tan fuerte como ella y vivir, porque los demás siguen aquí, y no quieren verte sufrir. Ojalá estas palabras ayuden y te hagan olvidar poco a poco, el contorno de tu tristeza…
PD: Para Ana. Nada dura eternamente, ni siquiera la tristeza. Espero verte sonreir de nuevo muy pronto.
Te quiero ❤️