La lucha

Islamistas fuera de su Estado, sembrando muerte y destrucción, en una ciudad, donde, por una noche, apagó su luz. Terrazas manchadas por la sangre de Parisinos cuyo único pecado fué salir a disfrutar de una noche estrellada y a la que los terroristas se ocuparon de apagar una por una. Y mientras Francia se batía en duelo con Inglaterra sobre una moqueta verde en la que nunca debería crecer el miedo, otros cuantos asesinos, tomaban una discoteca, haciendo rehenes a la fé y la esperanza junto a miles de personas. No les importaron tantas vidas cuando acabaron con ellas, haciendo estallar sus cuerpos en nombre de Alá, que ahora se siente avergonzado al ver como toman su nombre en vano. El mundo llora la muerte en París sin entender todavía porque unos cuántos quieren acabar con la Libertad y la Fraternidad. Quedan muchas batallas por librar, pero la más dura, después del dolor provocado, y tomando prestadas las palabras de una periodista francesa «será volver a ser nosotros mismos».

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