La vida nos hace ser cobardes. Normas que conducen por el mismo camino a todos impiéndonos ser quienes somos. Arrastrados por la corriente la espuma no nos deja ver que todo acaba en esa catarata que nos engullirá sin remedio. Miedos para alejarnos de la orilla y seguir nadando sin descanso hacía la Felicidad que nos prometen y que jamás alcanzamos. Y no nos damos cuenta que no necesitamos un destino que alcanzar sino un rumbo que seguir. Debemos disfrutar del trayecto sin importarnos a donde llegaremos. Vivir día a día porque diá tras día crearemos una vida. Y sobre todo, ser conscientes de la muerte porque ella dará sentido a la vida. Nos enseñan a apartarla de nosotros, de nuestros pensamientos, a huir de ella cuando es precisamente ella la que da sentido pleno a nuestra vida. Morir para vivir. Alcanzar la plenitud dejando atrás normas y prohibiciones que son fruto del miedo. Ser tú, sin restricciones. Ser tú, sin sentir vergüenza. Ser tú, porque sólo hay uno como tú y ese, eres tú…

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