Vuela la imaginación, intentando huir del dolor de la realidad. Nos refugiamos allí donde empiezan los sueños, buscando consuelo en mentiras piadosas que nos hagan más fácil lo que es el hecho de vivir. Transformamos el dolor en pesadillas y el cansancio en deseos que jamás deseamos sentir, haciéndonos vulnerables a nosotros mismos, desmenuzando nuestra fuerza de voluntad hasta convertirla tan sólo en un recuerdo. Una lucha constante entre nosotros y el monstruo en el que a veces nos convertimos. Nuestras debilidades nos hacen humanos y nos acercan mucho más a la bella imperfección que nos convierte en seres únicos. Nunca el dolor nos enseñó tanto, arrancando de cuajo esas lágrimas que nunca regresarán, y jamás un monstruo, dió tan poco miedo…