«Sigo aquí»

Respiro, y aún mejor, vivo. Aquella pequeña vibración, aquel temblor inaudible fue cogiendo fuerza, creciendo bajo mis pies e hizo estallar sobre mí, el Universo y sus entrañas. Una reacción en cadena que voló mi mundo, destrozó mi alrededor tal y como lo conocía, y me obligó a empezar de nuevo. Una decisión tras otra, los pasos hacía el abismo no cesaban, sin frenos y sin paracaídas. El miedo como compañero y la desesperanza como aliada. Compañías poco recomendables para un viaje a los infiernos. Y el último empujón, el del desamor, el tercero en discordia y el que clavó la puñalada más certera. No quedó nada de mí, nada. Ni luces, ni sombras, ni ganas, ni siquiera recuerdos. Un alma en caída libre hacía su propia destrucción. Días martilleando una cabeza que ya no quería pensar dentro de un cuerpo al que no le apetecía respirar. El anhelo ahogando una vida carente de ilusiones. Un agujero negro en mitad de la nada, que se bebió mi luz. Había tocado fondo. Aplausos de unos pocos e inquietud de muchos. Pero lo mismo que empezó, terminó. Una pequeña vibración, un leve temblor, que devolvió lo robado: la luz y la vida. El Yin y el Yang manteniendo el pulso constante, para que el equilibrio no se pierda. Y de nuevo, el Ave Fénix sobrevolando vuestras cabezas, cenizas transformadas en vida.
Y a los que aplaudieron, “Sigo aquí, lo ves, lo veis…?”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solve : *
27 × 15 =