No hubo pádel, a pesar de ir mentalizado. Pala al hombro y preparado para los golpes que habríamos de dar, pero el verdadero golpe, el de felicidad, me lo llevé yo. Usasteis el futbolín como parapeto, y asomasteis de la nada cuando entré. Mi incredulidad duró sólo unos segundos, lo que tardé en darme cuenta de la encerrona y de la sorpresa que me habíais preparado. Sonaba el “cumpleaños feliz” mientras aun no terminaba de creérmelo. Todos unidos y compinchados, para hacerme la mejor fiesta de mi vida. Abrazos, sonrisas, besos. Un aluvión de felicidad rebosando por mi cara. Entre cerveza y cerveza, el destripe de toda la fiesta. Partidas a ese futbolín que sirvió de escondite con un delantero que no se estaba quieto. Tapas para saciar el hambre, y regalos para no olvidar. Y en el culmen, una felicitación en forma de vídeos que todos enviasteis. Unos y otros, felicitando a este maduro que rejuvenece por momentos (al menos eso cree él); arrancando unas lágrimas y una emoción, que perduraran en mi corazón para siempre. Continuó todo como siempre lo hace. Chupitos y copas, música y baile. Y aunque la noche cayó y el frio nos alcanzó, aguantamos estoicos, hasta que el cansancio nos pudo. Me mecí entonces en brazos del sueño, sonrisa en boca, dando gracias a la vida, por haberme hecho nacer en ese momento, justo en ese momento, en el pude coincidir y conocer, a toda la gente que tengo a mi alrededor.
PD: Gracias por la fiesta de ayer, por los regalos, por la compañía, y sobre todo, por hacerme sentir, la persona más rica y afortunada del mundo.