El Circo

Somos cotillas y de poco aprender. Nos importa más la vida de los demás, esa que retransmiten algunas cadenas encumbrando a los altares a los que aprendieron a vivir del cuento hace mucho, y los mal llamados periodistas que no hacen más que vivir de tales historias, más que el rumbo de nuestro país y en manos de quien ponemos nuestro futuro. La política aburre porque nos hace pensar, nos exige tomar decisiones basadas en escuchar y ver a diario, a quienes nos gobiernan, y que de un tiempo a esta parte, se parecen cada vez más, a los personajes de la farándula. Queremos lo fácil, no arriesgar, no mover un dedo, seguir cómodamente la vida desde nuestra ignorancia y dejar para otros, las ardua tarea de pensar. Nos gusta el morbo. Y si hay muerte de por medio, mejor aún, así podemos darnos golpes de pecho y mostrarle al mundo cuanto nos importa el dolor ajeno, gritando e insultando al presunto asesino, al que nosotros lo despojados de su presunción al amparo nuestra pena y rabia. Y cuantos más datos mejor. Como ocurrió todo, en que momento, si sufrió. Todo es poco para avivar el fuego del rencor y apagar nuestra sed de venganza y aburrimiento. Nos intentan convertir en seres sin pensamiento, sin decisión, alimentándonos de desgracias ajenas, tapando así, los derechos comunes que nos están quitando poco a poco. Así, mientras perdemos la esperanza de unas pensiones dignas, crece la indignación y no acaban las noticias, por un asesinato doloroso y macabro, que ya debería pertenecer a la intimidad de la familia, y que se han empeñado en convertir, en un circo…

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