«Te debo una canción»

Suenan las primeras notas y reviven los recuerdos. Es el juego de las asociaciones. Viajamos con los oídos abiertos al pasado, a un lugar, junto a una persona. Emergen sentimientos que nos transportan a lo que fue, y se eriza la piel, y nacen nudos en el estómago, atando historias conclusas y personas, ya casi olvidadas, unas, omnipresentes, otras. Siguen “errando” los Niños Mutantes, buscando ese camino perdido, que jamás encontraran. Lo mismo que “El astronauta que vio a Elvis», a la caza y captura de nuestros fallos. Resultó ser verdad, que lo más raro que tenías, era yo. Supongo que Love of Lesbian, lo vieron antes que nosotros. Y a pesar de todo, hay “Mil razones» para ser feliz. Porque El miedo no es nadie sin Luis Brea. Joder, me “me encanta esta parte». Esa parte en la que las notas embaucan, en la que la imaginación restaura y equilibra, dando por buena toda decisión tomada, aunque trate de hacerlo, jugando a las tres esquinitas contigo, acompañando con música toda una vida. No podría expresarlo mejor que lo hacen las canciones, espías silenciosos, que me clavan sus garras para recordarme con extraordinaria belleza, los adioses más sonados. Y pasarán los años, y yo, seguiré diciendo, “Te debo una canción»

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