Faro(s)

Ahora sí. Ahora si llegó la verdadera normalidad. La de restringir restricciones, la de llevar los bolsillos libres de mascarillas y la cara también, y con ello, volver a mostrar nuestros rostros a los demás, soltar los besos acumulados, los abrazos contenidos y las sonrisas maniatadas. Ya podemos sentarnos en el bar, cerveza en mano, sin otra preocupación que no sea la de elegir la tapa que queremos. Ahora si volvemos a tener otro viaje de Pellejeros como los de antaño. Y aquí estamos, un poquito más lejos que el año pasado, pero con las mismas ganas e ilusión, que todos los años. Nos ha acogido Faro, sur de otro país, contenido en nuestra misma tierra, tan parecido a nosotros y a la vez tan distinto. Llegamos juntos, a lomos de las mismas 4 ruedas, sin más planes que el de volver a estar juntos unos días y disfrutar de la compañía de este grupo de personas, que año tras año, y ya van 17, se reúnen para mantener viva una tradición, y aunque este año haya habido más problemas de los esperados, los jueves han seguido siendo ese “faro” bisemanal dónde acercarnos a descubrir “faroles” y envíos. Primavera, verano, otoño e invierno. Las estaciones nos ven pasar y ahí seguimos, ganando campeonatos, a jóvenes y viejos, porque nosotros estamos justo en medio, quizás por poco tiempo, vete tú a saber, porque aunque nuestro rostro refleje otra cosa, la ilusión que mostramos por cada cosa que hacemos, la pasión que imprimimos a nuestras vidas, nos rejuvenece. Quizás por eso, nuestros nombres han quedado grabados para siempre junto a nuestro escudo en la mesa más grande que nadie vio jamás. Grande por su tamaño y grande por lo que representa. Porque pertenecer a este grupo es mucho más que ser Pellejeros. La unión que hemos forjado a través de todo este tiempo es envidiable. Y ni ese mismo tiempo ni la distancia puede con ella. Hemos sido faros en la época más oscura, alumbrando los caminos de la soledad para que ninguno se sintiera solo en la distancia, no dejando que el olvido nos arrastrase. Y seguimos siendo faros en los buenos momentos. Hombros dónde reír y llorar, porque pase lo que pase y estemos dónde estemos, siempre tendremos un amigo en la reserva dispuesto a echar una mano en cuanto lo necesitemos, porque para eso somos Pellejeros.

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