Seres de luz (Primera parte)

Un mar de gente inundó el Cortijo del Conde otro año más, para celebrar la música. Un décimo aniversario del Granada Sound, que superó todas las expectativas y consiguió sumar de uno en uno, hasta 25000 personas, dispuestas a cantar, gritar y saltar, como en las anteriores ocasiones. Se vistió de gala el recinto, que nos recibió alfombrado, repleto de actividades por hacer y con food track repartidos por doquier, para alimentar a la marabunta que cubriría el suelo cuando la música comenzara a sonar. Y vaya si sonó… Llegamos el viernes cuando el sol ya se despedía, haciendo enrojecer el cielo, mientras en los escenarios las primeras bandas ya tronaban. Nuestra primera parada fue Zahara. Primer chupito y cerveza en mano, la vimos desplegar su magia. Voz celestial para un sonido potente y electrónico. Una mezcla inmejorable para abrir boca. Disfrutamos como “Putas”, sin abandonar nuestro lugar desde dónde veíamos los dos escenarios. Seguimos con sonido melódico de la mano de Carlos Sadness. Ritmos frescos evocando playas remotas con cierto olor a Jamaica, relajando el ambiente para lo que habría de venir. Y lo que vino fue potencia en estado puro. The Hives, unos suecos tan poco suecos, que parecían ingleses. Desgarradores, potentes, transgresores. Energía pura comandada por un showman que hacía las veces de cantante, llevándonos entre el sonido claro del bajo, el chirriante pero afinado de las guitarras, y la incansable batería, a su terreno, a ese lugar del que no querías salir ni parar. Mientras tanto, Morning Drivers hacían que el escenario pequeño se les quedara pequeño, aspirando a más para la próxima vez. Calentado el ambiente, volvimos a la zona vip para ver desde allí, como las Ginebras aguantaban el tipo, dando un más que pasable concierto y como Miss Caffeina de descalabraba. Un concierto lento, sin arrancar ni siquiera un poco de sentimiento, ni siquiera un poco de baile. Tan sólo con su “Mira como vuelo”, la gente saltó y acabaron aplaudiendo a una banda, que desde que cambiaron el chándal por el traje, han perdido fuelle. Y de ahí, a la arena, para ver a unos Elyella cerrar el primer día de concierto. Increíbles, maravillosos, remezclando sin complejos indie y no indie. Una hora y media de baile  mezclado con himnos que siempre nos recuerdan que “todo lo que importa” lo tenemos más cerca de lo que creemos…

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