Seres de luz (Segunda parte)

Volvimos con las ganas de quien le supo a poco, algo cansados, bastante sonrientes, y la tarde nos recibió, volcando sobre nosotros su claridad y su luz. Vips deseosos de todo comenzara, porque tocaba maratón de conciertos aquel sábado de Granada Sound. Nos recibimos con cerveza, nos fuimos a la arena para recibir a los que no habían podido venir el día anterior y nos dispusimos a escuchar a los primeros. La la love you, desplegó su música y su buen hacer. Divertidos, fácil de escuchar. Sonido fresco y buen espectáculo sobre el escenario y sobre todo, originales. Manos en alto y aplausos para recibir “el fin del mundo” y con él, el principio de todo. Tras ellos, emergió Dani Fernández, un popero entre nosotros, y sorprendió. Sorprendió por su potencia, por sus tablas sobre el escenario, donde desgranó sus temas dotándolos de vida, mientras miles de gargantas los coreaban con avidez. Un gran espectáculo en el que tuvo tiempo de recordar con un homenaje a los más grandes del indie, ausentes obligados de la música y los escenarios: Supersubmarina. Tocó sin complejos el tema que lleva su nombre: “Supersubmarina” entre pelos erizados, recuerdos y más de una lágrima, sucedió la primera gran explosión del Sábado. Entre las miles de personas que estábamos allí, no había nadie que no cantara “su, su, su” canción. Sin poder recuperar el aliento, llegó Rigoberta Bandini y sus tetas. Les cantó y las enseñó, todo sin complejos, todo con un espectáculo muy festivalero, acompañada de bailarinas, entre ritmos discotequeros y discursos emotivos. Todos cantamos a su “Mamá” subiendo la temperatura de un recinto en el que para entonces, ya no cabía ni un alfiler. Ni siquiera el silencio tenía espacio. Alizz sirvió de transición antes de que llegaran nuestros granainos. Un buen concierto, con ritmos tranquilos, algo más comedido de lo esperado, pero que superó con nota. La noche cerrada dio la bienvenida a Lori Meyers, que comenzaron y acabaron como se esperaba de ellos: caña, mucha caña. Nos hicieron bailar de la primera a la última canción. Supieron encajar su último trabajo con los anteriores, componiendo un mosaico uniforme de canciones que eligieron con gusto para hacernos bailar sin descanso. Sonido característico Lori. Aromas a tiempos pasados engarzados sin esfuerzo con el indie actual. Letras con mensaje, parapetadas tras guitarras que sonaron limpias, claras, recostadas en una batería que no las abandonó, procurándoles los ritmos para que no se perdieran, y acompañadas por un bajo que tomaba el mando cuando tocaba, dieron como resultado un sonido potente y melódico a la par, y que en conciertos explotan con sabiduría. Un verdadero espectáculo que nos pareció efímero. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya había terminado y sin creernos lo que habíamos vivido, llegaron Sidonie, que fueron de menos a más. Con un sonido que engancha, hicieron las delicias de los allí estábamos. Y lo empezó tranquilo, terminó con fuerza. Supongo que es la experiencia es un grado y ellos le sacaron partido. Nos “fascinaron” y nos recordaron que “estábamos all”, por si aun quedaba algún despistado. Para nosotros con Dorian se acabó el festival. Bailamos sobre todo con sus temas antiguos más que con los nuevos. Abandonó su gabardina de cuero, pero la puesta en escena fue la de siempre. Sonido inconfundible, con rictus serio y voz característica, Marc nos llevó por su “Isla”, a “cualquier otra parte” y atravesamos una “Tormenta de arena”, trareando estribillo tras estribillo. Nos fuimos antes de tiempo, porque las piernas ya pesaban y el cansancio apretaba. Salimos lentos, sin pausa, dirección descanso, recordando todo lo visto, vivido y sentido, y comprendí entonces lo que los Lori nos quisieron decir con su primera canción: que todos los que estuvieron conmigo aquellos dos dias, son mi vida y mis particulares “Seres de luz”.
PD: Gracias por otro festival juntos. A ti, a ti y a ti también. Ya sabéis quiénes sois cada uno de vosotros.

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