De nuevo por aquí, entre palabras, silenciosas desde un tiempo, que no mudas. Se complicó la cosa con saturaciones imprevistas, complicaciones de última y primera hora, dolencias propias y ajenas, desgana desmedida y cansancio acumulado. Se cerraron las ganas, las manos, la imaginación. Todo lo necesario para hilar algún relato que valiera la pena, pero no pudo ser, y se hizo el silencio en esta isla. Mientras tanto, la vida continúa incesante, incansable, trayendo los mismos problemas a las mismas personas que hace unos meses. Podríamos decir que todo sigue igual, pero con un tiempo de más. A ti, que tal vez me lees ahora. Sí, a ti, que repites ciclo una y otra vez, empezando dónde acabaste, o acabando dónde empezaste. Ese círculo infinito de la búsqueda constante de las respuestas imposibles. O a ti, que buscas en frases hechas, la autoayuda para sanar heridas. Amaneceres y atardeceres de demostración al mundo de lo feliz que eres. Aunque justificarse tanto nunca olió bien. Mostrar al mundo tu belleza, una y otra vez, fotografiando cada paso dado, para deleite de los demás, aunque creo que más aun, para el tuyo propio. Los egos se alimentan de uno mismo, y nunca ves el peligro hasta que lo tienes encima. Así lucen algunas ventanas al mundo. Tan sólo basta con mirar y sacar conclusiones. Quizás acertadas, quizás erróneas. Lo mismo alguna palabra perdida ha herido a alguien, pero seguro que tiene orificio de entrada y salida, así que sobrevivirá. Pero no podía resistirme a jugar a algo tan divertido como imaginar la vida de los demás, a través de sus estados…