Caliente. Así fue la noche del sábado.
Casi un año después asaltamos de nuevo La Copera, esta vez como impostores. Dijimos ser quiénes no éramos para colarnos en el primer concierto de la temporada, y uno de los mejores en mucho tiempo, aunque eso no lo sabríamos hasta que hubo terminado. Palpitaba la incertidumbre por no saber que nos encontraríamos. Y es que “El amor de la clase que sea”, se convirtió en controversia nada más publicarse. Viva Suecia cambiaron de discográfica y arriesgaron con evolucionar, dando un salto hacia el pop en su sonido, que aunque siempre reconocible, perdió su identidad cuando aflojaron las guitarras y la batería. No sabía como encajarían toda la potencia de sus trabajos anteriores con la “suavidad” de estos últimos temas. Y he de reconocer, que lo supieron hacer a la perfección. Recorrieron el disco casi entero. Sólo faltó una canción por tocar. Y sonaron bien. Fueron conscientes de quienes fueron y quienes son, así que en la mayoría de ellas, sumaron las guitarras de siempre, aunque fuera de fondo, en un estridente pero fantástico eco de su sonido, para llenar de Viva Suecia sus nuevas melodías. Batería potente a pesar de todo y un bajo que no perdía ritmo. Buen hacer en el escenario, con risas, besos y bromas. Todo delante de una pantalla gigante que vistió el espectáculo de inolvidable. Supieron encajar a la perfección todos sus temas, llevando al público en volandas hasta el éxtasis. Tarareamos sus letras, gritamos sus canciones, saltamos, bailamos. Bajaron hasta nosotros y nos llevaron a lo más alto. Hicieron guiños a temas de otros grupos y Niños Mutantes les acompañaron en el escenario en unos de sus mejores temas del último disco. Y Gema, llevabas razón. Para acabar, ya sabes cuánto me gusta “Amar el conflicto”.
Fría. Así nos recibió la noche al abandonar el local. Después de hacernos arder los de Murcia, regresamos con una sonrisa en la boca y con ganas de más. Porque Viva Suecia, han sido sólo el principio…