Llueve. Este día 3, justo el día después de que Doña Mercedes cumpliera 75 años en compañía de sus hijos y nietos. Sólo ellos. Sólo nosotros. Sólo la familia. La que fuimos, la que somos y la que seremos. Sopló las velas y sonrió. Comió tarta y sonrió. Sonrió y sonreímos. Por los años que aún le quedan y por los que nos regaló. Por verla sana, por sentirla feliz, por su incondicional amor. Porque ni en toda una vida, podremos devolverle todo lo que nos dio. Y es que eso tienen las madres. Que son impagablemente indispensables. Con un cielo amenazante volvió a su casa, a su sofá, a sus libros y series, pero jamás a su soledad. Somos más de 3 para rellenar los huecos que el tiempo trata de dejarle. Y cuánto más se acerca al fin, menos sola está. Cafés y besos para arañarle tiempo a las horas del día. Visitas por las tardes entre chinches y cariño. Y el hijo que habita a sus pies. El único coñazo que tiene, su única preocupación. El que sobrevive por ella y para ella. El primero, el mayor, el de abajo. Un 2 de Septiembre de 1948 vino al mundo Mercedes Roldan Aguilar. La última, la pequeña. Le acompañó una vida llena de luchas, de sacrificios, de tristezas y de alegrías. 75 años después aquí sigue, algo mas cascada, mucho más sabia, con el deber cumplido, arropada por sus hijos y sus nietos. Y en el tiempo que reste, trataremos de hacerle olvidar las tristezas. Porque merece ser plenamente feliz, aunque sea en el sprint final, aunque no está para muchas carreras ya. Por eso la llevaremos en brazos hasta la meta. 75 años después, perdonado todo lo que había que perdonar, deberías saber, que todos tus hijos sentimos que tenemos la mejor madre que se puede tener…
Precioso!!! Una madre lo más valioso. Suerte la tuya de tenerla ❤️