La radio

Esperaba el horno tras el madrugón. Por eso te ibas a la cama temprano, para intentar ganar horas de sueño. No recuerdo la edad que tenía pero si claramente aquella radio despertador, todo en uno, haciendo guardia en la mesita de noche, para que no te quedaras dormido. Tras la cena, nosotros en el salón viendo la tele, con volumen bajo, para no molestarte, y entre la voz baja del televisor y nuestro silencio, se colaba el sonido de “Hora 25”. Aquella sintonía y sus voces, tertulianos a los que no les pongo nombre, ni consigo acordarme de los debates que tenían. Así es como la radio ata los recuerdos a mi padre.  

Giraba la rueda buscando el dial. Sonaba la música, por unas horas. “Emisión pirata” para hacer más llevadero el trabajo en la panadería. Con el paso de las horas cambiábamos de emisora, buscando aquella “Hora 25” que escuchaba mi padre y que ahora acompañaba mis noches. “El larguero” y “Hablar por hablar” conseguían hacer olvidar las noches eternas, y entre tortas y pan, se colaba también “La rosa de los vientos” y un joven Iker con su “Cuarto milenio”. Voces para acortar la distancia entre quién habla y quién escucha.

Me tocó madrugar para conducir y la radio seguía conmigo. Kilómetros acompañado de “Si amanece nos vamos”. Y amanecía, empalmando las madrugadas con “Hoy por hoy”. Iñaki Gabilondo tratando de explicar el mundo y sus enredos, descubriéndome música, libros, a la vez que hacía más llevaderos los viajes aquí y allá.

Ahora no madrugo pero en mi trabajo sigo escuchando radio. Esta vez, a la carta. Porque ha evolucionado la forma de entenderla. Todo lo que se emite en directo, puedes escucharlo luego en infinitos podcats. Así paso las horas, entre “Nadie sabe nada” e “Indie al descubierto”. Entre lija y pintura, sonorizando las tardes con “Ser deportivos”. Toda una vida llena de radio, y la radio poniendo sonidos y voces a mi vida. Uniendo el ayer con el hoy, acercándolos tanto que en ocasiones se confunden, demostrando así la fragilidad del tiempo. Y es que, solo la radio, tiene esa magia de hacerte ver solo con el sonido.

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