Posibles

Otro verano, otra quedada, otro recuerdo. El mismo gesto, la misma ilusión, mejor resultado. Tres, en un trayecto corto, con grandes expectativas. Huele a sal, sabe a verano, y la madurez nos vino a buscar con nuevos retos. Pensamientos cambiantes que hacen de nuestros sentimientos y sus recovecos, caminos difíciles de transitar, como si el abismo se encontrara en cada decisión que debemos tomar. Transmutamos en seres diferentes, sin dejar nuestra esencia de lado, queriendo cambiar, buscando mejorar, como si la personas que somos ahora no fueran suficientes. Egoistamos sobre nosotros mismos y los demás, tratando de estar cada vez más cómodos, más felices, intentando que nuestra estructura interior no se desmorone y nos soporte unos cuantos años más. Rodeos todos, para no decir que estamos cansados de mucho e ilusionados con tanto. Aliviamos el pantano interior que nos ahoga, con el caudal de palabras, de confesiones y secretos que regalamos de unos primos a otros. Y en esa paz fingida, encontramos consuelo.

Ahora que hablo menos y escucho más, entiendo mejor, soporto más y tal vez, solo tal vez, aguante menos, quizás como todo el mundo. No, no somos tan raros. Simplemente somos humanos, y sin o con ayuda, aquí estamos, verano tras verano, en el campo o en la playa, uniendo fuerzas, alzando barricadas, resistiendo. Y mejor aún, retando a la vida con el amor a flor de piel, en la forma que sea.

Vimos ponerse el sol, florecer la luna, y entre ola y ola, nos cobijó la oscuridad, sedienta de secretos, lanzando estrellas fugaces como aviso de que todavía, todo es posible.

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