Antes de dormir me gustaría dejar claro, que no soy de pedir deseos, mucho menos en creer que se cumplan. Aunque entiendo a la gente que deposita sus anhelos en una esperanza de la que no quieren ser dueños. Así, sino se da, tendrán la coartada perfecta para responsabilizar al universo de que no cumplió sus deseos, quedando ellos libres de la obligación de trabajar por conseguirlos. Y así somos. De convertir pequeñas tradiciones en macro fiestas, borrando de un plumazo el verdadero sentido de lo que fue, para transformarlo en otra noche cualquiera. Y esta, que es especialmente corta, no es tan diferente a la de ayer, ni a la de mañana. Solo unos minutos las diferencian, y solo unos minutos las alargan.
No, no soy de hacer lo que todos hacen. Y no es por ir a contracorriente, ni llamar la atención. Más bien por serme fiel. Fiel a mis gustos, a mis preferencias, y a mi paz. Sí, mi paz. Porque el tiempo y la edad me ha dado el valor para decir “no” cuando no quiero. Por eso no soy de pedir deseos. Prefiero luchar por conseguir lo que quiero, antes que invocar a los espíritus y lanzar algún hechizo. Aunque toda la parafernalia de la noche de San Juan, no es más que una excusa barata para volver a emborracharse, trasnochar, y acostarse tarde, si es que te acuestas. Y ya por ahí, nos vamos entendido.
Por esta noche, ya está bien. Que con esta calor, me canso de hurgar en mis profundidades y no sale nada bueno. Solo palabras acaloradas, deseos sin lanzar y unas ganas de… dormir, que ni te cuento.
Feliz noche de San Juan