Otro año más reunidos alrededor de una mesa donde las copas nunca están vacías vigilan que no falte la comida. Entremeses de queso y jamón para abrir el camino a la un caldo que nos calentará tanto como el vino de las copas. El rosa de las gambas tornado rojo por la calor del horno,esas que desnudaremos para poder comer y que cubrirán los platos con mantas de su piel. Almejas y anchoas también fueron invitadas pero no a comer. Y los solomillos eran miedosos y no quisieron pasar solos por el horno así que los acompañaron cebollas,tomates y pimientos y para que no pasaran mucha calor los regamos con vino blanco. Y una vez salieron,la carne se hizo rodajas y los demás la siguieron acompañando en forma de salsa para que ni en sus últimos momentos,se sintiera sola… Y a la calor de la familia cenamos sin prisa temiendo acabar y encontrar al frío que nos esperaba a la salida y que en la despedida dibujó figuras de humo con el aliento que escaba de mi boca…