Agarrado a mis entrañas, impidiéndome respirar y ahogando mis pensamientos. Pisoteando mi espíritu hasta hundirlo en la miseria impidiéndole alzar el vuelo. Todo se ve feo desde aquí abajo y toda aquella luz, a lo lejos, parece sólo un sueño que jamás podrás alcanzar. La actitud huyó para no verse derrotada y sin aptitudes que me ayuden a levantarme parece que no hay salvación. Todo en un día despejado y reluciente en el que esa luminosidad no llegó hasta mí. Pero no todo está perdido. Llegada la noche la oscuridad disipa la luz y con ella los fantasmas que me asustaron. Solo queda cerrar los ojos y descubrir al abrirlos que días malos, los tiene cualquiera y el da ayer, ya terminó…