Por entonces no imaginamos que algunos perderían algo más que el pelo. Eramos tan sólo niños, conociendo nuevos amigos, que sin pensarlo, pasarían a formar parte de nuestras vidas. Auyentamos a Castores, haciéndose más pequeños de lo que parecían y caminabamos sin descanso hacía el aprendizaje dos veces al día, sin parecernos un viaje largo. Jugamos al fútbol entre barra y barra a pesar de los vecinos y fuimos tejiendo una amistad que poco a poco se fué agrandando. Jamás nos hemos olvidado y nunca nos abandonaremos. Sois cada uno de vosotros trocitos de mi vida de la que ni quiero ni puedo desprenderme. Me habéis acompañado en este largo viaje y ahora que cumplimos años, no quiero que penséis que no os recuerdo a diario a todos y a cada uno de vosotros. Deciros, que los silencios no significan olvidos y que por muchos años que pasen, jamás nos sentiremos solos. Eramos niños cuando empezó todo y espero que jamás acabe.
A vosotros que hacéis que me sienta feliz…