Desespero

Jamás imaginé que los recuerdos pudieran ser tan malvados.
Las paredes se han empeñado en escupirme tus fotos, recordándome tu ausencia otro día más. Ese pequeño salto que había entre tú y yo, de apenas hora y media, se ha convertido en estos días, en un obstáculo insalvable, en un abismo. Miro tu sonrisa plasmada en imágenes y desearía recostar mis labios en los tuyos, dormirme amarrado a tu boca y despertar con las almas entrelazadas. Me perdería en tus ojos, buscando todas esas palabras que te cuesta tanto decir, y que encuentro flotando en ellos cuando me miras. Me atraviesas con tu mirada y me inyectas todo eso que sientes por mi.
Abro los armarios y allí sigue tu ropa, retén de tus visitas, que te añora, menos que yo, te lo aseguro. Te imagino vestida, y sin vestir, cubierta tan sólo por tu piel. Ahora es cuando mis manos quieren tocarte, dibujar tu contorno, una y otra vez, descubrir de nuevo todos los secretos de tu piel, y recorrer poro a poro tu cuerpo, en un roce incesante, lento, hasta borrar las huellas de mis dedos, y detener el tiempo.
Y quedan tus zapatos, descalzos, inmóviles, abandonados a su suerte, mientras su dueña habita lejos. Te imagino entonces, te deseo y desespero, porque no sé el tiempo que queda para sentirte de nuevo. Y lo peor, no sé si seré capaz de soportar, este echarte de menos. No, no hablo sólo de sexo. El sexo sacia, pero el amor llena. Y necesito llenarme de ti. Desespero…

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