Agarrado al día me encuentro aún. El cuerpo semiabrasado por un sol que brilló tanto que hasta la piel cambió de color. Enrojecido por sus rayos que quisieron penetrar en mí a través de cada uno de los poros que quedaron al descubierto, y cansado por machacar un cuerpo que dice basta a estas horas. Un día de descanso convertido en ajetreo y diversión. Las piernas piden descanso mientras tumbado en la cama, noto como cada una de las partes del resto del cuerpo, van cayendo lentamente, derrotadas por todo el deporte acumulado. Llaman a gritos a la fiebre, para obligarme a cerrar los ojos y recordarme que debo parar. Tal vez mañana lo haga, pero hoy, a pesar de tanto cansancio, me voy satisfecho de un día al que despido entre sábanas y palabras…