El sonido del pasar de los días es casi imperceptible. Notas planas para escribir la partitura de la rutina. Concierto de obligaciones que transforman en una nana aburrida todo cuanto tocan, convirtiendo cualquier escena de aventura en el tedioso diario. Y sólo vosotros, con vuestras palabras de dulce y miel, con vuestros halágos sinceros y el apoyo incondicional, pintais sonrisas en mi alma. Hacéis que haya hambre de más, me convertís en invencible y me dáis la seguridad para seguir siendo yo. Se agarran los años a nosotros, empujándonos a un declive, del que huimos sin esperanza. Y aún así, mi hambre no para de crecer. Quiero aprender, conocer y crecer. Estoy seguro que lo conseguiré, porque esa es la clave para lograrlo, confiar en uno mismo.
Y así pasan los días, sin prisa pero sin pausa, porque no nos esperan. O sigues su ritmo, o caes. Así que es mejor bailar su son, antes de que todo quede reducido, a inaudibles ecos…