En la oscuridad

Se alejan, todas y cada una de las personas que pasaron por tu vida, heridas de tí. Aquellas manos que acariciaron ahora duelen y todos los besos que diste, escuecen. Ulceras de desamor, abarcan el alma, llenándola de ausencias y de infinitos llantos. Vagan, suplicantes de remedio, apostados en la esquina de la esperanza, esperando esa oportunidad que les devuelva a la vida. Pero no os acerquéis al monstruo, ese que daña tanto como ama. Alimaña inquieta, que no aprende ni a golpes, oculto en su madriguera, dolorido por el dolor que causa. Flagelos en busca de un perdón que ni él mismo se concede mientras ve como todo lo que ama, lo destruye de un zarpazo. No es buena compañia, ni siquiera de la soledad. Y así pasa los días, en la oscuridad, intentando aprender a no tener miedo y recordando a los demás, preguntándose una y otra vez, como se «elige no sentir»…

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