Mamparas

En la frontera de la ducha, separando la bañera del resto del baño, se erige cual reina. Como las monedas tiene dos caras. Una jamás conocerá el agua a pesar de tenerla tan cerca. La verá caer al otro lado anhelando que moje sus hojas deshaciendo así la sequía a la que está condenada. Y la otra, humedecerá eternamente, prisionera de un agua que intenta escapar de allí pero que ella aprendió a contener. Que ironía, llora cada día, por secar sus lágrimas, dejando marcada en sus hojas, la huella de su tristeza. Testiga de los desnudos diarios, del aseo matinal o de la ducha nocturna con la que intento arrancar las horas de trabajo que se pegaron a mi cuerpo y busco bajo el encesante chorro, el relax que me negó el ya extinguido día. Comprime el vapor que exhala el agua caliente transformándolo en vaho y transforma los espejos en pizarras de agua en las que puedes escribir cuanto imagines y que el frío, hará desaparecer. Y una vez abras la mampara, escaparan la calor y la humedad, regresando contigo a ese cuarto, donde habita el baño…

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