Sentimientos lesionados, que buscan sanación entre el tiempo y el aprendizaje. Aullidos que nos infundieron miedo, quebrando la autoestima, convirtiéndonos en meros espectadores de nuestras propias vidas. Huyó lentamente la seguridad, atrayendo las dudas, hasta de respirar, empequeñeciéndonos hasta dejarnos reducidos a la mínima expresión. Recaemos, como yonkis del amor, necesitando tanto del otro que olvidamos cuanto nos necesitamos a nosotros mismos, desapareciendo por completo, de la realidad y de la vida. Ciegos que caen al precipio rompiéndose en mil pedazos que deberan volver a unir. Un cruce disimulado entre miradas escurridizas que despierta sólo una sensaciòn, el miedo a saberme perdido y roto, y una certeza, que no volveré a dejar mi vida en manos de nadie, aunque ahora camine por el mundo, en «nivel inexperto…»