Ha sido un día largo y cansado, desde que el Sol despertó tirando de nosotros para levantarnos con él hasta que abatido cayó dando paso a la Luna. A nuestras espaldas las obligaciones del Lunes, que no son muy diferentes a las del resto de los días, pero nos vienen grandes después de un fin de semana con algo de descanso. Casas ajenas que limpiar, que acumularon desorden a la espera de que otras manos que no son las de las dueñas, vengan a ordenar el caos de una semana. Comidas inventadas en una olla que tendrá que acertar con el gusto de todos y entre bocado y bocado, protestas entre los dientes que se olvidarán en el postre. Tardes de deberes y de braseros, de novelas interminables y de programas que te llevaran a una siesta ineludible. Y al abrir los ojos, ya no habrá luz. El día morirá pronto mientras aún quedan duchas y cenas, antes de caer en brazos del sofá, que te mecerá hasta que la cama grite tu nombre, buscando un protagonista para sus sueños…