Rugen de nuevo las chicharras exhalando el último aliento del verano. Susurra el río entre unos caminos olvidados que sólo unos pocos conocen, paralelo a una acequia que le roba el agua a la que enjaula para llevarla por donde quiere. Escaladas tan peligrosas como bellas y un paseo por la naturaleza y la tranquilidad que tanto deseamos y tan pocas veces encontramos. Subimos y bajamos escuchando el silencio y el lento pasar de las horas. Dormimos alumbrados por la Luna y recordamos la diversión que nos entretuvo cuando eramos niños.
El mar tranquilo, silencioso y cansado de tanta gente que se se murió en él, nos mira tras las palmeras, parapetos de playa, abanicos verdes que escoltan el paseo de cualquier playa. Se huele la tranquilidad y se siente la sal que despide un mar que apetece ya tan poco como volver a la rutina. Día radiante precipitando un Otoño ansioso por llegar y llevarse con él los recuerdos de un verano que se apaga lentamente. Paisaje azul que mezcla en el horizonte el mar con el cielo, y unas letras relajadas intentando describir todo, menos lo que siento…