Amasamos el día desde ayer, con bastante sueño y una pizca de descanso, y una vez horneado, olía a mañana temprana, a lunes de trabajo unos y descanso vacacional otros. Nos enredamos en telefonazos imparables, llenando mis oidos y las PDAS de infinitos pedidos. Un laberinto de pasillos escondiendo aquello que piden y que jamás encontraremos, y unas cajas finitas en las que embalar, lo que mandaremos a través de unas manos que no son las nuestras. Voló lentamente el tiempo, transformando la fresca matinal en axfisiante calor, que nos esperaba a la salida, amenazante. Comida rápida antes de que el sofá viera como me desvanecía en una siesta que resultó tan placentera como insuficiente. Y de ahí hasta ahora, una sesión de imparable deporte, sólo interrumpida por la sorpresa de tu risa, que vino a verme, transformándome en afortunado y llenando aún más de amor mi corazón. Pequeñas recompesas para un día que ya acaba y que me lleva a la cama sin nada que decir…