Pianistas y otras especies

Despertamos después del día, justo en el momento en que otros iban a dormir. Noche estruendosa, de sonidos mezclados con chacharas interminables de aquellos que a nuestro alrededor intentan despistar al sueño entre nieve para el desvelo. Pianistas que jamás estudiaron solfeo que despejan su mente en duchas comunes limpiando así su cuerpo e intentando volver a una realidad que las notas que tocaron, hicieron olvidar. Volvimos a cargarnos de ganas y salimos en busca de una mar que se acercó cuando menos lo deseamos y se alejó cuando menos lo esperabamos. Mareas al ritmo de una Luna que no vimos en ningún momento en un cielo más azul que el agua en la que nos bañamos. Nos fuimos tiñiendo de rojo a lo largo del día, entre ventas ambulantes de hielo, agua y cualquier bebida que sirviera para aliviar la calor y la quemazón de un sol que no dió tregua. Huimos de él buscando una ducha que aliviara nuestros cuerpos de sal y cansancio y regresamos lo justo antes de volver a partir en busca de escenarios donde volvieron a mezclarse sones distintos, estilos variados de música que unieron pueblos enteros. De aquí y de allí, brotaron melodías que mecieron el día hasta dormirlo, y acabaron asustando a dos mujeres que me dejaron compartir con ellas un festival en el que vimos como distintas especies bailan al ritmo de un mismo pianista…

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