Puntos de fuga

Seguimos de viaje, otro año más, dejando la huella de este grupo de amigos que año tras año mantienen viva la llama del Pellejo, ese juego que se ha convertido en nexo de unión de tan diferentes formas de ser. Vamos rotando en nuestras ilusiones, y nos encargamos por turnos de planear cada año una despedida de temporada que le de a los demás unos días inolvidables, sea donde sea, porque al fin y al cabo, lo importante de cada viaje es siempre lo mismo, nosotros, la compañia de cada uno de vosotros. Pero el de este año, no es un viaje cualquiera. Hemos viajado a un sueño, al sueño de una persona que deseaba tanto esta escapada, que se ha hecho realidad. Nos encontramos al otro lado lado de la pantalla, ese lugar que vemos en la tele, tan lejos y tan cerca a la vez, protagonistas esta vez de una fiesta tan soñada y deseada por mi hermano. Hemos vuelto a transformar diferentes puntos de vista en uno único punto, ese en el todos nos covertimos en una sola alma. Somos muy diferentes, pero tenemos algo muy valioso, el respeto, ese que nos profesamos sin dudar un sólo momento, dejando de lado nuestros gustos para hacer posible el deseo de la persona que ha invertido tanto tiempo en buscar un buen plan para todos los demás.
Hemos atravesado un país entero para acompañarnos, para no sentirnos solos en una nueva aventura en la que a estas alturas, aún no sabemos si los toros son tan fieros como los pintan. Los hemos oido atravesar calles estrechas escoltados por el blanco y rojo huyendo, no sabemos todavía quién de quién, en una carrera plagada de miedos y tropiezos. Olor a vino impregnando la ropa y el paladar, y miles de personas celebrando un San Fermin que ya conoce de nuestra existencia. Dicen Vetusta Morla: «Los viajes me han enseñado que los grandes recuerdos suelen estar ligados a grandes personas, y que cuando viajas no es casualidad toparse con seres humanos realmente extraordinarios». Llevamos ya muchos viajes juntos y puedo afirmar con toda seguridad, que la mayoría de esas grandes personas, están hoy conmigo sentadas en esta mesa. Estos días hemos sido parte de un sueño en forma de un nuevo punto de fuga. Ojalá no se acaben nunca…

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Punto y seguido

Calles cortadas poniendo trabas a nuestro desembarco en Pamplona. Llegamos de noche y la multitud se agolpaba en el parque para ver toda la belleza que la pólvora puede trazar en el aire. Un castillo de fuegos artificiales coloreando el cielo donde hasta las estrellas, dejaron de brillar. Blanco y rojo, el camuflaje indispensable para parecer un Pamplonés y ganas de compartir una fiesta y una tradición que atrae a tanta gente. Nos lanzamos a las calles con ganas de descubrir y de compartir, y nos recibió una marea de gente, cubriéndolo todo. Música por las esquinas invintándonos a bailar a cada momento. Bebida sin descanso y una gente tan educada como simpática. Entre bailes y cubatas diluimos la noche y nos dispusimos a guardar sitio para ver el encierro. Horas de cansancio a lomos de unas tablas tan duras como el tiempo que pasamos sobre ellas y todo quedó en el olvido cuando toros y corredores, desfilaron ante nosotros. Un espectáculo que por fin vivimos sin una pantalla de por medio. Rendidos y cogidos de la mano de la mañana, regresamos al piso a dormir de día lo que de noche no pudimos, y poner así punto y seguido, a un San Fermín, al que aún le quedan unos días…

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Punto de partida

La noche pataleaba, pidiendo a gritos que no nos fueramos. Los rayos iluminaban un oscuro cielo que blanquecía antes de que el amanecer llegara, mientras que los truenos despertaron la mañana antes de tiempo, y la lluvía intentó borrar el camino que lleva hasta Pamplona para que no abandonaramos esta tierra. Y entre nubes emergió el Sol y las ganas de partir, atraido por un canto incesante de pájaros que arrastraban con su trino nuestros destinos lejos de aquí. Entre encierros lejanos y cafés fuimos dando forma a la mañana, poniéndonos por montera una furgoneta y una bandera. Una nos acoge y la otra nos ata libremente a una tierra que nos ve partir rumbo al norte, en busca de una tierra que tantas veces hemos visto y que jamás hemos pisado. Con bajas de última hora partimos, hacía un punto de llegada que días después, se transformará, en punto de partida…

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Futuro

Encaramado, oteando lo que es, e imaginando lo que será. No será lo que lo demás desean que sea, sino lo que yo provoque. Es mi empuje lo que hará que suceda, la lucha diaria que conseguirá alcanzar las metas que nos hemos propuesto. Hogar, risas, caricias, ilusiones vestidas de tan diferentes palabras, pero que encierran un sólo significado, Felicidad. Equipaje de mano para un viaje largo, sin destino seguro, descubriendo nuevas tierras y nuevas rutas, convirtiendo la maleta en vestidor, y las las paradas en hogar. Todo un futuro a nuestros pies, al que colorearemos con nuestros mejores deseos, y alejeramos de él a todos aquellos que no creyeron que sucedería. Miro desde lo más alto un horizonte que espero me devuelva la luz y el amor que hemos puesto en él…

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Sin canción

Palabras sin sonido, huérfanas de melodía, buscando las notas que las acompañen para transformarlas en canción. Canciones, la inspiración que estrofa a estrofa describe tanto sentimiento acumulando deseos e ilusiones, haciendo crecer la semilla que plantamos sin querer. Titulos que nos acercan y letras que unen entre lecturas que nos hacen más grandes a través de relatos ajenos y de historias inventadas. La manera perfecta de entender lo nuestro a través de los demás y de comprender a los demás poniéndonos en su lugar. No quiero palabras rehenes en esta historia, a las que haya que sacrificar por rescate alguno, aunque algunas se ocultarán para no herir a nadie. Y todas y cada auna de ellas temblando, esperanzadas de encontrar esa melodía, que las conviertan en canciones…

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