Seguimos de viaje, otro año más, dejando la huella de este grupo de amigos que año tras año mantienen viva la llama del Pellejo, ese juego que se ha convertido en nexo de unión de tan diferentes formas de ser. Vamos rotando en nuestras ilusiones, y nos encargamos por turnos de planear cada año una despedida de temporada que le de a los demás unos días inolvidables, sea donde sea, porque al fin y al cabo, lo importante de cada viaje es siempre lo mismo, nosotros, la compañia de cada uno de vosotros. Pero el de este año, no es un viaje cualquiera. Hemos viajado a un sueño, al sueño de una persona que deseaba tanto esta escapada, que se ha hecho realidad. Nos encontramos al otro lado lado de la pantalla, ese lugar que vemos en la tele, tan lejos y tan cerca a la vez, protagonistas esta vez de una fiesta tan soñada y deseada por mi hermano. Hemos vuelto a transformar diferentes puntos de vista en uno único punto, ese en el todos nos covertimos en una sola alma. Somos muy diferentes, pero tenemos algo muy valioso, el respeto, ese que nos profesamos sin dudar un sólo momento, dejando de lado nuestros gustos para hacer posible el deseo de la persona que ha invertido tanto tiempo en buscar un buen plan para todos los demás.
Hemos atravesado un país entero para acompañarnos, para no sentirnos solos en una nueva aventura en la que a estas alturas, aún no sabemos si los toros son tan fieros como los pintan. Los hemos oido atravesar calles estrechas escoltados por el blanco y rojo huyendo, no sabemos todavía quién de quién, en una carrera plagada de miedos y tropiezos. Olor a vino impregnando la ropa y el paladar, y miles de personas celebrando un San Fermin que ya conoce de nuestra existencia. Dicen Vetusta Morla: «Los viajes me han enseñado que los grandes recuerdos suelen estar ligados a grandes personas, y que cuando viajas no es casualidad toparse con seres humanos realmente extraordinarios». Llevamos ya muchos viajes juntos y puedo afirmar con toda seguridad, que la mayoría de esas grandes personas, están hoy conmigo sentadas en esta mesa. Estos días hemos sido parte de un sueño en forma de un nuevo punto de fuga. Ojalá no se acaben nunca…