La noche pataleaba, pidiendo a gritos que no nos fueramos. Los rayos iluminaban un oscuro cielo que blanquecía antes de que el amanecer llegara, mientras que los truenos despertaron la mañana antes de tiempo, y la lluvía intentó borrar el camino que lleva hasta Pamplona para que no abandonaramos esta tierra. Y entre nubes emergió el Sol y las ganas de partir, atraido por un canto incesante de pájaros que arrastraban con su trino nuestros destinos lejos de aquí. Entre encierros lejanos y cafés fuimos dando forma a la mañana, poniéndonos por montera una furgoneta y una bandera. Una nos acoge y la otra nos ata libremente a una tierra que nos ve partir rumbo al norte, en busca de una tierra que tantas veces hemos visto y que jamás hemos pisado. Con bajas de última hora partimos, hacía un punto de llegada que días después, se transformará, en punto de partida…