La vuelta a casa, cada tarde, rutina semanal como la rueda que no deja de girar. Un viaje de regreso con los bolsillos llenos de cansancio. Música de fondo y a través de la luna del coche, el cielo. Llevaba varios días escondido tras las nubes. Nubes negras, espesas, amenazadoras, egoístas tratando de tapar al sol que al caer cada tarde, luchaba por lanzar sus últimos rayos antes de sucumbir ante la noche. Nubes donde los rayos y truenos seguían con su eterna lucha, de quién es más rápido, dejando por el camino, un reguero de luz y sonido, que iluminaba el cielo a mi paso. Se escondía el frio tras ellas, dejándose ver cuando decidieron irse.
Luce ahora el cielo limpio, cristalino, helado. Nos observa sin pudor, avisándonos de lo que nos espera estos días. Será receptor de nuestros gritos, mientras bailamos sin cesar. Será casi invierno este año, el Granada Sound, pero haremos vibrar hasta las estrellas. El cielo sonará a frio y el ambiente olerá a música, mientras el firmamento mirará con envidia, las estrellas que allí sonarán…