Escala el sol lentamente hacía las alturas, trepando sobre los tejados, los árboles o el asfalto, pintando todo de luz, mientras la mañana se derrama sobre este nuevo día, y mientras avanzamos dirección costa, recuerdo lo de anoche. Podría parecer otra noche más, sexo cualquiera, pero contigo nunca lo es. Continuamos dónde lo dejamos la noche anterior, justo ahí, cuando la secretaria fue abordada por su jefe y sobre la mesa, había más que papeles desordenados. Mientras, nosotros a lo nuestro. Antes, habíamos hablado de posibles candidatas, unas con cara de ganas, otras de cuerpos mejorados, o de miradas que asesinan. Todas buenas opciones, si ellas quisieran. Porque si ellas quisieran…
Podríamos esposarlas, o amarrarlas con el arnés, para nada malo, por si leen esto. Las dejaríamos mirar, si sólo quisieran mirar, pero quien quiere solo mirar? Podrían jugar, a lo que quisieran, hasta dónde quisieran, sin pedir permiso, o si, depende del morbo. Y es que la excitación es proporcional al morbo infringido porque son inescrutables los caminos del morbo. Tal vez alguien sueñe con lluvias doradas que terminen en eyaculaciones y ganas de volver a empezar. Quizás otras deseen comer, lamer, morder y arañar, mientras les comen, les lamen, les muerden y arañan, terminando como todo acaba, vaciando su deseo para volver a empezar de nuevo. Habrá miradas lascivas, bocas deseosas, manos traviesas y caricias furtivas, roces obscenos, besos húmedos, y tocamientos consentidos. Una batería de sexo compartido para conseguir nuestros sueños y cumplir los deseos de los tres…