Os voy a contar un secreto. Yo sé dónde está el paraíso.
Fue sin querer, sin darme cuenta, sin buscarlo que lo hallé. Pasa con las cosas bonitas, con las que más deseas. Ocurre con los anhelos, con los sueños. Cuánto más cerca parece que están, más tierra de por medio hay, y es justo que los dejas de perseguir, que aparecen ante ti. Sí, tiene el universo esa manía de enredarlo todo. Quizás para que agradezcamos lo que tenemos y valoremos el tiempo que estamos aquí, o tal vez para hacernos ver que no era tan difícil lo fácil. Y lo fácil fue, lo sencillo que lo habéis hecho. Este amasijo de personalidades, tan suyas, tan vuestras, tan distintas, engarzadas a la perfección en una suerte de amistad qué transforma con la ayuda de la generosidad y el cariño, un puzle caótico en la más bella de las alianzas. Somos el resultado del tiempo, del amor, de las palabras y de la sinceridad, aunque a veces no nos guste escucharla, aunque a veces duela, pero ese es el camino para que la amistad sobreviva tanto tiempo. Y antes de que el alcohol obre su magia, quitando el blindaje a nuestra alma y nuestra vergüenza, y nos haga olvidar algún que otro momento de este día os voy a contar dónde encontré el paraíso. No estaba el final del camino de baldosas amarillas, allí dónde acabada el arcoíris, ni en el firmamento, escondido tras la estrella que más brilla; tampoco en la cueva de Alibabá con sus joyas, ni en las profundidades del océano durmiendo junto a la Atlántida; no lo busquéis bajo las equis que marcan los tesoros en los mapas. El paraíso no es un lugar, es cualquier momento que paso junto a vosotros. Una vida plagada de momentos que hacen que todo cobre sentido, por mucho que el universo se empeñe en hacer difícil lo fácil. Por eso hoy, aquí, este, es nuestro momento y nuestro paraíso.