Nos ha invadido, derramando la pesadez que trae consigo, ralentizando el tiempo tanto que no siquiera el sueño parece real, y ha transformado el descanso en una Odisea. Madrugamos más que nunca y al hacerlo, prometemos que al caer la noche, esa que resiste a llegar, día tras día, nos acostaremos antes, para que los ojos se abran cuando deben sin rechistar y no cuando quieren. Promesas incumplidas que hacen de la noche, un espejismo bañado en sudor. Pesamos más ahora que la energía nos abandona, mientras busca una sombra en la que guardarse y descansar, convirtiendo nuestros pies en plomo, hundiéndonos en los inacabables días, que conforman el verano. Y como atletas sin medalla, han batido récords, calentando nuestras vidas hasta límites insospechados, y haciendo que todos nosotros, nos sintamos, acalorados…