Cambia el agua de color iluminando la noche, oscura, tranquila, inerte. Nos salió caro buscar este oasis en mitad del desierto, pero nos ha dado la vida. Llegamos cuando más apretaba Almería y su calor, y sembramos un camino entre invernaderos de ilusión e impaciencia. Nos hacía falta a todos este viaje dejando atrás por unos días, problemas, accidentes, buscando la ansiada desconexión. Son todos nuestros viajes tan parecidos y distintos a la vez. Tanto en común y mucho por descubrir en cada uno de ellos, recorriendo un país a golpe de cartas. Nos ha dado tiempo a todo. Comer, beber, jugar a ese bendito juego que consigue juntarnos; hablar, reír, y desahogarnos. Contarnos nuestras tormentas para que arrecien menos si las compartimos, y también los triunfos, de nuestras familias, de la gente que queremos y de la que nos acordamos a pesar de la distancia. Ha sido el agua nuestro mejor aliado, y aunque el mar descansa tranquilo esta noche, durmiendo a las olas que lo mecen durante el día, aquí en nuestro oasis, el agua cambia de color, llamándonos a gritos para darnos el ultimo baño antes de irnos a dormir…