Ha llegado el momento. Existe un abismo entre lo que quiero ser, lo que necesito ser, quién debería ser y lo que realmente soy. Un hueco tan grande como mi propia decepción. He vuelto atrás, hasta hace años, perdido, desorientado, flotando en la nada, intentando encontrar una atisbo de lo que llegué a ser. Pero no hay solución. Ni siquiera los grabados en mi cuerpo me dan la respuesta, ya no tienen sentido. No encuentro esa razón, ni el hilo que me ate a nada, porque eso es lo único que veo, que siento, nada. Las cenizas ya no esconden al Fénix, no tiene fuerzas para resurgir. Así que toca armarse de valor y afrontar la realidad, sumergirse en lo más profundo, dejarse abrazar por las sombras y que te arrastren hacía el fondo. Coger aire, contener la respiración, y una vez allí, un poco por necesidad y otro poco por miedo, impulsarse y salir a flote, o abandonarse para siempre.
PD: Te llevo conmigo Ismael, que me da miedo bajar solo…