Has de saber que este tampoco es un relato alegre. No vas a encontrar sonrisas, ni esperanzas, ni tan siquiera luz. No hallarás faros que te salven del naufragio, ni manos que agarran en el último momento. En él sólo hay preguntas sin respuestas, dudas que hieren, angustias acumuladas día tras día, escombros y cenizas. Ni siquiera hay huidas, tan solo quietud, rendición, la espera del golpe de gracia. No hay sentido, ni razones, sólo dejarse llevar, que pase el tiempo y que duela, eso sobre todo. Que escueza la piel, que sufra la cabeza, que llore el Alma. Perdí la invitación para esta vida y tampoco me apetece colarme en la fiesta. Y aún así, se que debo mantenerme cuerdo, vivo. Mi hijo no me perdonaría haberle mentido cuando le decía que hay que luchar en la vida y que es maravillosa. Con el tiempo me echaría en cara que no cumplí con lo que le trasmití. Y no soportaría verlo sufrir a él también. No hay ganas pero es obligación buscar un plenilunio que alumbre esta oscuridad…