Mensaje entrante: “Ven”.
Sonrisa nerviosa y latidos acelerados. No estaba seguro de si podrían verse en un día como hoy, y es que los 14 de febreros, seguían siendo, además de comerciales, día del amor, estuvieras o no enamorado. Día extraordinario para hacer lo que se debería hacer a diario, y que apenas nadie hace. Mejor esforzarse un día, que 365. Total, esto es para siempre, casi siempre. Pero allí estaba el mensaje, “ven”, una llamada monosílaba al sexo que me encendió, activando mi deseo, mi imaginación y mi líbido. Imaginé que después de haber dejado a los niños en el colegio, habría vuelto a casa, despojándose del chándal y deportivas, y se habría enfundado aquel conjunto que le regalé hacía unas semanas. Corsé negro, con algunos encajes rematando algunas costuras, que realzaba sus pechos, grandes y duros, y definía aun más sus curvas, esas en las que me perdía sin remedio, cada vez que la miraba.
Apenas quedaba media hora para poder salir, y esos 30 minutos, ya se me estaban haciendo eternos. Más aun, cuando recibí otro mensaje. Su foto, y ahí estaba, con el corsé, acompañado de aquellas medias y sus ligueros, y aupada en unos tacones que no había visto. Eran nuevos, comprados para ese día. Altos, de aguja, y con todo puesto, estaba más… apetitosa que nunca. Pareciera que el tiempo se había parado, y no llegaba el momento de ir en su busca. Un cosquilleo me atravesaba el cuerpo, preso de la impaciencia y desesperación. El deseo hacía de las suyas, y no me permitía dejar de mirar aquella foto. Iba de ella al monosílabo, en un movimiento cadente de ojos. Cuánto más miraba y leía, más me excitaba. Mi imaginación volaba, tratando de ver la película que habría de venir, imaginando cada detalle, cada embestida, cada mordisco, cada arañazo, cada gemido… rondaban por mi mente palabras sucias, insultos recurrentes, todo tipo de artimañas que alimentaban mi deseo.
Y llegó la hora. Salí con la prisa pausada del que esconde algo, y cree que lo van a descubrir. Fiché y fui en su busca. Y todo sucedió tal y como lo había imaginado. Tal vez mejor, no sabría decirlo, pero inolvidable, seguro. Acabamos, sin decirnos “te quiero”. No era el día para ello. Ella volvió a ponerse el chándal. Tenía que recoger a sus hijos y preparar la comida para su marido, y me recordó que a la vuelta, le comprara flores a mi mujer, que hoy era el día de los enamorados…
Muy buenos relatos. Las dos partes. Eres un «crack». Besos.