Melacolic

Nos entretuvimos entre cervezas y charlas, y el tiempo voló a lomo de recuerdos y proyectos futuros. Pasó tan rápido que cuando nos quisimos dar cuenta, ya íbamos tarde, y cigarrillo en boca, cruzamos la calle siguiendo la brújula de la música. Sonaban ya los primeros acordes cuando traspasamos las puertas, y bajamos de planta con paso rápido, para no perdernos más. La gente ya bailaba y tarareaba sus canciones, mientras su voz , clara y concisa, embaucaba a todo aquel que la escuchaba. No había nadie que no se supiera sus letras, nadie que no bailara. Y sin pedir permiso nos unimos a todos los que allí estaban. No había canción que no mereciera ser grabada. Acordes aderezados con las palabras certeras para crear mensajes, descifrables y descriptibles, de esos que te llegan porque los entiendes, porque los sientes, aliñado todo con sonidos pegadizos, bailables, muy bailables, y potentes, nacidos de una garganta prodigiosa y envueltos en la personalidad que le infunde Sienna. Carne de su carne, creaciones de su cabeza, corazón y sentimientos. Estados de ánimo hechos canciones. Y fue corto, muy corto, o eso nos pareció. Supongo que es lo que tienen los buenos conciertos, que te resultan insuficientes y siempre quieres más. Anoche vimos un verdadero espectáculo, Melancolic incluido, y esta vez, no pasó frío…

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