El día de los enamorados (la otra parte)

Mensaje saliente: “ven”.

Mi marido se fue pronto a trabajar. Era lunes, y como cada lunes, llegaría bien entrada la noche, por eso elegí los lunes para ser infiel. Aunque este lunes era especial, y seguro que llegaría antes para darme una sorpresa de enamorados, porque hoy era el día, y aun así, había tiempo de sobra y yo no sentía ningún remordimiento, o no más, que los de cualquier otro lunes. Lo que si sentía era ese cosquilleo que nacía en lo más profundo, provocado por el morbo de saber que no hacía lo correcto y que esto a la vez, despertaba aun más ganas en mi. Lo sé, egoísmo puro y duro. Amaba a mi marido, aunque no lo parezca, pero tenía la maldita necesidad de sentirme deseada y saciar estas ganas con otras personas que no fueran mi esposo.

Ya estaba más que excitada después de mandarle aquel mensaje. Una palabra de tres letras, tan simple, tan concisa, tan abierta a imaginar, tan desesperante, tan excitante y morbosa, que el sólo hecho, de imaginar lo que él imaginaba, arrancaba de mí, la parte más desvergonzada y sucia que latía en mi interior. Me calcé mis tacones más altos, me puse la lencería más lujuriosa y menos elegante que tenía, sintiéndome la más marrana de todas las mujeres. Me miré en el espejo. Mis pechos querían escapar de aquel sujetador, y mi culo, duro, estilizado fruto de los tacones, me hicieron sentirme bien con lo que veía, y aquel modelo tan banal, me hizo sentir una verdadera z…

Sonreí, sólo de pensar lo que le haría, lo que le dejaría hacer, y lo que no. No porque yo no quisiera, o no me gustase, porque me gustaba todo, y cuando digo todo, es todo, sino por castigarlo de alguna forma, cortando algunos de sus deseos. El morbo, siempre el morbo. Pensé en cómo me comería. Imaginé su lengua por mi clítoris, por mis labios, rebuscando el placer en cada pliegue. Ahí sería la primera vez que me correría, en su boca, preludio de todas las veces que luego vendrían. Fantaseé con su erección, en mi boca primero, aunque yo no lo dejaría correrse en ella, por el momento. Primer sufrimiento para él. Luego la imaginé entre mis pechos. Ya los habría sacado del sujetador y me los habría comido antes de meterla entre ellos. Tampoco lo dejaría terminar ahí. Barajaba tantos lugares dónde me gustaría que se terminara, pero tenía claro dónde quería realmente que lo hiciera…

Lo ataría, me ataría. Me mordería, lo arañaría, gemiríamos, gritaríamos, sudaríamos. El placer caería rendido a nuestros pies, y sucumbiríamos a nuestros deseos. Estaba mojada sólo de pensar en todo lo que nos esperaba. Mis dedos se deslizaron bajo el tanga, y noté la calor que desprendía y cómo excitada estaba. Y cuándo mis dedos estaban a punto de entrar, sonó el timbre. Había llegado el momento de dejar de imaginar…

Como había supuesto, mi marido llegó antes de tiempo. Puse cara de sorpresa, como sino lo hubiera visto venir, como si de verdad me hubiera sorprendido. Lo miré con cara de enamorada, porque realmente estoy enamorada de él, y a la vez, no dejaba de pensar en lo que había vuelto a hacer. Pobre de él si supiera la verdad…

Busqué un jarrón vacío, lo llené de agua, y metí el ramo de flores que me había regalado…

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